![]() |
Stanislaw Lem |
Por mucho tiempo, encontrar un libro de Lem era como buscar una
aguja en un pajar. Si no se encontraba el título deseado en alguna biblioteca pública, lo único que quedaba era que alguna de las llamadas “librerías de viejo” lo tuviera. En esos años el mercado del libro en castellano de la ciencia
ficción lo dominaban ediciones minotauro y editorial Bruguera, y no siempre
llegaba todo el catálogo a México.
Desde 2005, Alianza Editorial lleva
editando en bolsillo la Biblioteca Lem, donde ya podemos encontrar varias de
sus novelas y antologías de cuentos. Por otra parte, Minotauro, Punto de Lectura, Edhasa, Impedimenta y Funambulista se han unido al esfuerzo de reditar
y publicar inéditos del autor polaco, aunque parte de ellos inconseguibles en
tierra azteca .
Paradójicamente, cuando estaba en
apogeo el redescubrimiento de Lem en iberoamérica, el autor de Ciberiada muere
en Cracovia a la edad de 84 años.
Lem nació en 1921 en la entonces
polaca ciudad de Lvov (hoy en Ucrania), en una familia tradicionalmente
inclinada por los estudios médicos, profesión que se decidió llevar a cabo,
pese a su inclinación por las letras. Al estar ya inscrito en la facultad de
Medicina de su tierra natal, la ocupación nazi lo obligó a dejar temporalmente
los estudios y dedicarse a la mecánica y la soldaduría.
En ese tiempo se da lo que él siempre señaló
en diversas entrevistas como el momento crucial de su vida, el entablar amistad
con el doctor Mieczyslaw Choynowski,
quien lo empleó como ayudante suyo en el centro de estudios científicos
que fundó en Cracovia. Allí comenzó a estudiar Lógica, Metodología, Psicología
e Historia de las Ciencias Naturales, disciplinas
que a lo largo de su prolífica carrera literaria le resultaron de gran
utilidad.
La primera vez que se leyó algo de Lem fue en 1946, al publicarse la
primera entrega de su relato Czlowiek z Marsa (El hombre de Marte) en la revista Nowy
Swiat Przygod (El Nuevo
Mundo de las Aventuras). Cinco años más tarde debutó como novelista con Los astronautas.
Vendedor de más de 27 millones de ejemplares de libros y traducido a 41
idiomas, Lem obtuvo
en 1973 el Premio Nacional de Literatura y es nombrado miembro
honorífico de la Asociación de los Escritores de Ciencia Ficción en América, de
la que posteriormente fue expulsado por criticar el escaso nivel narrativo de ese
género literario en los Estados Unidos. En 1976, la asociación quiso redimirse,
pero el autor de Ciberiada rechazó la propuesta.
Desde
mediados de los 80 escogió al ensayo para expresarse de una manera diferente,
cansado de la ficción por considerarla a partir de esa década como un género “muy menor, muy pueril y
carente de todo valor cognitivo”, y por ser el ensayo un mejor instrumento para
comprender la realidad circundante.
El miércoles
12 de abril de 2006 en el periódico español La vanguardia, en la página 8 de su
suplemento cultural, bajo la firma de Ángeles López, apareció la última entrevista realizada al hombre que vaticinó que el robot sería la próxima fase de la evolución y acabaría
por desplazar no sólo al hombre, sino a toda la vida orgánica del Cosmos.
La
conversación la concedió Lem con motivo de la aparición en castellano de Provocación (Funambulista),
libro que en palabras de su prologista,
el escritor David Torres, después de leerlo se quedó, junto con el gozo, "la
convulsión y el espanto, con un vacío, un vértigo indescriptible".
En la contraportada encontramos que éste es el
primer libro del autor polaco Stanislaw Lem traducido al español en los últimos
quince años, y que es una hazaña intelectual sin paralelo en la literatura
contemporánea. Además, indican los editores que en la narración miramos la
conjunción de El genocidio, obra de Horst Aspernicus, un supuesto historiador
alemán del Holocausto, y de un extravagante y ácido estudio que intenta recoger
mediante precisas estadísticas todo lo que le sucede a la humanidad durante un
único minuto. Provocación es un libro heterodoxo y afilado como un cuchillo que
cuestiona de un tajo todas las convicciones sobre el Holocausto y el hombre
contemporáneo.
En torno a las circunstancias que rodearon la escritura de Provocación,
el intelectual polaco respondió que no podía asegurar que no escuchó
precisamente música celestial durante ese proceso. “El libro se publicó por vez
primera en Alemania en 1980, pero sólo la parte relativa al genocidio, a la
obra imaginaria de Aspernicus. Sólo en 1984 se editó en Polonia, pero esta vez
ya con el añadido de la reseña sobre "One
Human Minute”.
Recalcó que muchos comentaristas e
historiadores creyeron en la existencia real de la monografía sobre el
Holocausto del escritor alemán Aspernicus."No se percataron de que, aunque sólo
por problemas de fechas, ese libro no podía existir. Cuando le preguntaron por
el libro de Aspernicus al director de la Comisión de Crímenes Hitlerianos, ¡el
tipo contestó que lo tenía en su mesita de noche pero que todavía no le había
dado tiempo a leerlo!"
Con la pregunta ¿cómo ha logrado que sus libros no mueran, una vez muerto el sistema
contra el que iban dirigidos?, el personaje que en Alemania era considerado un filósofo y en Rusia un científico, aclaró
que no le gusta hablar de mensajes en su obra. “Los
libros tienen que hablar por sí mismos, un libro cobra vida a partir del
momento en que es leído, y se produce una química entre el lector y el autor,
pero poco importa cual hay sido la intención del autor al escribirlo”.
Obviamente se le cuestionó su
abandono a la ciencia ficción y su incorporación al ensayo. Su respuesta fue
contundente al preguntarse a si mismo si acaso hubiera debido seguir escribiendo ficción hasta el final de sus
días y mencionó una frase demoledora al minimizar a la literatura que le dio
prestigio.

En él la motivación fue disminuyendo,
los centros de interés cambiaron, también cambiaron las circunstancias. Muchas
de las cosas que eran fantasía se hicieron realidad. “Hoy en día, la realidad
es más `caricaturesca´ que lo que yo mismo encontré en mi imaginación en su
día, con lo cual no tiene sentido que compitan la fantasía y la realidad entre
sí”.
Cuestionó que no existiera imaginación
que pudiera a competir con la realidad, que no hubiera nada que pudiera superar
la realidad actual, que todo fuera un esfuerzo inútil. “Este lenguaje propio de
las fábulas de Esopo que yo usé en su momento ya no es necesario. Por otro
lado, yo no debo luchar contra el poder. Actualmente se pueden firmar
manifiestos, artículos, aunque tal vez sean sólo gestos, no sirvan de gran cosa.
Pero escribir libros, no sé. Muchas cosas están caducas o simplemente son
estériles, o es que yo he perdido las ganas de escribir. Por ejemplo, algo como
la conquista del espacio por los astronautas no tiene sentido para mí, pues no
creo que los hombres puedan colonizar Marte”.
Opinó que en ese caso fue mejor
callarse y dejar la pluma silenciosa, y aquí soltó su sentencia lapidaria al
género que lo catapultó a la fama. “El género de la ciencia ficción es algo que
no soporto, lo considero un género muy menor, muy pueril y carente de todo
valor cognitivo. Prefiero mil veces cualquier novela policíaca, por mala que
sea, que todas esas zarandajas galácticas”.
Recordó que escribió un artículo en los
años 70, titulado algo así como "Ciencia
ficción: un caso desesperado", y que por ello le dieron de baja como miembro
en la Science Fiction Writers of America. “De joven escribí novelas cercanas a
la ciencia ficción, para poder escapar del realismo social en boga y paras
sortear la censura estalinista, pero no dejo que se reediten”.
Dijo que sus libros de madurez, Ciberiada,
Fábulas de robots, entre otros, son más apólogos o cuentos filosóficos en la
tradición de la literatura francesa del Siglo de las Luces que ciencia ficción.
“Pero siempre intenté que hubiera una base científica, siempre busqué
confirmación científica de lo que yo escribía”.
Lem puntualizó en esa entrevista que
hay mucha ironía en su obra, debido a que muchas veces esa era la única manera
que tenía un escritor de expresarse. “Me gusta la literatura en cierto modo
didáctica, pero que se ajuste a las buenas preguntas y a las buenas respuestas.
Yo mismo me baso en el sistema científico del `prueba y error´, pero en
literatura no hay recetas”.
.jpg)
Al puro estilo borgiano, al también
autor de Vacio perfecto le gustaba el juego de las reseñas de obras
ficticias, tanto en este texto que presenta los prólogos e
introducciones imaginarios de ciertos libros y artículos de investigación
inexistentes, como por el cual
se realizó esta entrevista, Provocación.
Escribió cuatro volúmenes de este tipo
bajo el epígrafe general de "La
biblioteca del siglo XXI". “Con la edad me volví impaciente y ya no
soportaba la dura labor artesanal inherente a ser un fabulador, pues convertir
una iluminación, una fulgurancia que cruza por tu mente en obra literaria
requiere mucho esfuerzo, pero no sólo mental, sino también físico. De ahí lo de
las reseñas: necesitaba usar menos fabulación, todo lo que era narratividad me
había llegado a aburrir tanto”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario